El arquitecto es un ideólogo del espacio. Es decir el contenido práctico de la arquitectura es la ideología, ese es realmente el centro de trabajo del arquitecto.
Si quisiéramos mantener ocupados a un grupo de arquitectos, simplemente planteémosles esa pregunta; …ah! , y de paso también definan a la arquitectura, por favor!
Seguramente habría horas enteras de discusiones pasando por casi todas las tendencias teóricas y conceptuales; filosóficas, semiológicas, fenomenológicas, pragmáticas, historicistas, antropológicas, ecológicas, tecnológicas, etc.
No sucedería así con otro tipo de profesionales, los cuales al parecer si tienen muy claro su cometido en nuestra sociedad; los médicos, los abogados, o los contadores por ejemplo.
Según Manuel Castells la arquitectura es una profesión destinada; en todas las sociedades, a una puesta en forma ideológica de valores culturales, en el sentido de que la construcción propiamente dicha, o ha sido popular –es decir realizada materialmente por los propios usuarios- o ha sido realizada y diseñada por organismos que desarrollan toda clase de funciones técnicas en las cuales el arquitecto, tenia bien poco que hacer.
"...el arquitecto ha sido tradicionalmente el intermediario entre las formas culturales dominantes y el proceso material de producción del medio ambiente..." con la presencia de las instituciones públicas el arquitecto adquiere además de lo anterior otra función; la de burócrata, como burócrata jefe, como responsable jurídico-administrativo, de las garantías de las normas de construcción.
El arquitecto es un ideólogo del espacio. Es decir el contenido práctico de la arquitectura es la ideología, ese es realmente el centro de trabajo del arquitecto.
Para ubicarnos históricamente, aceptaremos que el arquitecto en nuestros países latinoamericanos ha desarrollado ampliamente una serie de papeles sociales de tan diversa índole y con significados tan diferentes que al revisarlos encontraremos indicadores que van a llevarnos a comprender la actual y aparente crisis de concepción.
Para a acercarnos al entendimiento de tal problemática habrá que definir algunas cuestiones:
• El arquitecto y la práctica profesional.
En una sociedad de tal complejidad y conformación histórica como lo son las nuestras, la práctica profesional del arquitecto presenta diversas facetas, de tal forma que no podemos hablar de un solo arquitecto, sino de varios, y si quisiéramos hacer una descripción tendríamos que decir que existen tantos tipos de arquitectos como condiciones socioculturales y económicas se expresan en una organización social.
Así por ejemplo, recordemos solamente como a partir de los años 70, se había planteado en un momento la figura del arquitecto emergente; contestatario ante la inoperancia económica que representaba la práctica liberal; consecuente con las condiciones sociales de la mayoría de los países de la región latinoamericana, pero lamentablemente las experiencias en ese sentido son muy limitadas.
¿Se puede pensar en un arquitecto comprometido con su cultura y con su tiempo, con su extracción socio-económica y con su entorno ambiental?
¿Se puede seguir la discusión acerca de; si el arquitecto es un técnico o un artista?; o debemos pensar en sustituir esa discusión por la observación de que actualmente:
• Una respuesta a la pregunta
El arquitecto debe ser un sujeto profesional con una formación rigurosa, integral, técnica y culturalmente preparado y fundamentalmente apto en su formación metodológica-instrumental para resolver en primera instancia todos aquellos problemas de "espacio" que se presenten en su comunidad.
De cualquier manera se propone que el arquitecto como cualquier otro profesional deberá tender a ser un técnico responsable que adquiere una preparación universitaria para enfrentar los problemas de la sociedad en sus diferentes variantes.
Coincido también, por ejemplo que en las universidades públicas de nuestros países se estudien aquellas practicas que atiendan a los grupos sociales que más los necesitan, cuidando siempre que realmente se responda al compromiso que se tiene con la sociedad que le permitió alcanzar ese nivel de conocimientos y se considere que la universidad representa un factor de ascenso y movilidad social.
Obviamente para capacitar a estos profesionales no solo se requiere de recursos económicos y humanos adecuados sino también de una "claridad" en la conducción de los programas de educación y en los enfoques de los planes de estudio de las escuelas de arquitectura.
En una investigación realizada hace algunos años en la ciudad de México, en el ámbito del Colegio de Arquitectos, encontramos condiciones que definían desde entonces el campo profesional bajo algunas circunstancias que resultan sorprendentes;
"Del total de profesionales encuestados, el 97% dijo estar laborando en ese momento; solo el 3% reconoció no tener trabajo.(…es decir no había desempleo
De los profesionistas que dijeron estar laborando, el 90.6 % realizan actividades relacionadas con el campo de la arquitectura; mientras que el 9.4% restante se dedica mayoritariamente a otras actividades no especificadas.
De aquellos profesionistas dedicados al campo de la arquitectura, un 48.20% desarrolla su trabajo en el área de proyectos, el 46.04% en la construcción el 14.38% en la supervisión de obras, y un 10.79% a la administración.
El 84.9 % de los encuestados realizan sus actividades fundamentalmente en el área metropolitana de la ciudad de México, sin embargo el 32.37 % lo hace también en la provincia y el 3.59 % en el extranjero.
Durante esa época, el 60 % percibió un ingreso mensual menor a los mil dólares y solo el 3 % percibe más de cuatro mil al mes.( o se a que no era una actividad rentable
En cuanto al nivel académico de aquellos profesionistas que se encuentran laborando actualmente, el 95.69 % concluyeron su licenciatura, de los cuales el 17.98 % han terminado un postgrado; mientras que solo el 6.46 % no concluyeron sus estudios a nivel licenciatura.
Esto supondría que una buena cantidad de arquitectos se desarrollan en el área del proyecto (48%), pero no son ellos los encargados directamente por los "clientes", y esto queda demostrado por su escaso nivel de ingresos.
De tal manera que si esto fuera cierto y siguiendo este ejemplo los planes de estudios de las escuelas de arquitectura, deberían estar enfocados a preparar arquitectos "proyectistas", que resuelvan con sus diseños los requerimientos espaciales de su comunidad.
Y a qué nivel de ejecución debería desenvolverse la actividad del arquitecto?
¿A niveles directivos?, ¿cómo propietarios de los despachos?, ¿Como promotores de los proyectos?, o como asalariados y empleados de los propietarios de los medios de producción y de las empresas constructoras que tienen acceso a las licitaciones "públicas" y a los grandes proyectos.
Eso sería tema de una exhaustiva investigación que involucrara los elementos indicadores de una sociedad estratificada en clases.
El papel de las Universidades Públicas, se ve cuestionado cuando entramos al análisis de las diferencias socioeconómicas de sus estudiantes y entablamos una discusión sobre los objetivos que debe cumplir, frente a las universidades privadas, por ejemplo…
Lo cierto es que actualmente, yo personalmente me acerco más a las conclusiones que nos presenta Gerardo García del Valle en el planteamiento original de este tema en el blog.
Y me asombro por las consideraciones planteadas por una arquitecta joven , recién graduada, pero con una fresca y clara vision sobre lo que debiera preocuparnos a todos.
Gracias Jahaziel Gasca, por tus ideas… ojala sigas participando en este espacio.
SolidariamenteXavier Fonseca